En el capítulo 5, el protagonista es
Bartolomeo, un sustituto que tiene su forma de ver las cosas de acuerdo a su
edad. Por ejemplo, cuando Bartolomeo quería invitar a un duende
a la casa, pero su madre no se lo permitió y
él se quejó de que su madre no le permitía tener su duende doméstico, lo
cual le hacía preguntarse: “¿por qué mi madre me prohíbe cosas?”. Esa es una
actitud igual a la de un niño que no entiende el porqué sus padres le prohíben
ciertos asuntos y creen que ellos no saben de lo que hablan. Bartolomeo considera
que su madre no se da cuenta de que un duende doméstico resolvería todos sus
problemas así que desobedece a su madre.
Otro ejemplo se ve en que Bartolomeo
es alguien que juzga a la gente sin conocerla. En la página 73 opinaba: “Que
persona tan maleducada y miserable”, refiriéndose a su vecina que le “daba la
cara a la casa” e incluso pasó bajo la ventana varias veces y en ningún momento
se dignó a saludarlo a él y al duende; además se la veía muy amargada. Aquí se
ve en que Bartolomeo no repara en las posibilidades por las cuales la vecina no
saludó y el porqué se la ve así de mal.
Por último cuando le dice a Queta: “Que
tontería has hecho. ¡Qué tonta eres y que poco sabes!”, porque ella había
experimentado con las bayas que su madre utilizaba para darle color a la ropa y
se había pintado rayas torpes y entreveradas en los brazos. Se puede notar que
Bartolomeo tiende a ser un poco grosero con su hermana y no comprende que ella lo
hace por diversión y no porque sea tonta. Sin embargo, Queta lo toma bien.
En conclusión, en el capítulo 5
el lector ve a un Bartolomeo un poco necio cuando su madre le prohíbe tener un
duende. Además él juzga a los demás únicamente por lo que ve sin saber lo que
realmente sucede y no le gusta que la gente sea descortés con él pese a que es
un poco grosero con su hermana por cosas sin importancia. Una actitud digna de
un niño malcriado, como Bartolomeo.
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